Filed under: Cine europeo | Tags: Claude Chabrol, Le beau Serge, Nouvelle Vague

Al final de la escapada y Los cuatrocientos golpes suelen eclipsar al resto de películas fundacionales de la Nouvelle Vague y, a veces, se olvida la importancia de una película como Le beau Serge de Claude Chabrol. Algo injusto.
Cuando se estrenó Le beau Serge en 1958, antes de que los primeros largometrajes de Godard y Truffaut se proyectasen por primera vez, la revista Cahiers du Cinéma ya parecía haber sentado las bases teóricas de uno de los movimientos más importantes en la historia del cine europeo. La importancia de Le beau Serge reside, precisamente, en su carácter fundacional al llevar a las pantallas lo teorizado en la revista francesa y, al margen de su relación con cualquier corriente cinematográfica, en su propia calidad.

La historia de Le beau Serge es de apariencia sencilla: François -Jean-Claude Brialy- regresa a su pueblo natal tras varios años en la ciudad con la intención de recuperarse definitivamente de una afección pulmonar. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que la vida en el pueblo -Sardent en la realidad, situado en el centro de Francia- poco tiene que ver con lo que él recuerda. Serge -Gérard Blain-, uno de los mejores amigos de la infancia de François, parece ser un personaje completamente distinto. Desde el primer momento en que el espectador ve a un Serge totalmente ebrio e incapaz de reconocer a su amigo, la sensación de pesadumbre que parece rodear a la vida de Serge se hace latente. Poco a poco, se van introduciendo los hechos que han marcado la vida de Serge durante la ausencia de François.