Les enfants sauvages


Primera manera para evitar a un idiota
April 28, 2008, 8:34 pm
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1. Preludio en una tonalidad desconocida para mí

Debussy compuso el “Preludio a la siesta de un fauno”. Uno de los conciertos de Bramdemburgo de Bach es el no.2 en Fa mayor. Son dos músicos consagrados, casi divinos. No como yo, que en ocasiones dudo si lo soy…, me refiero a si soy músico. Al igual que una de mis proyecciones ( Alfonsino Retorni, argentino, spankee de profesión, adicto a los latigazos y a la autoflagelación ), a veces me pierdo en el profundo bosque del conocimiento musical. Alfonsino, cuando está exento de esos placeres, para matar el aburrimiento se dedica a asociar acordes que no se encuentran a sí mismos y a obtener sonidos de instrumentos poco habituales, como sierras y botellas vacías y a medio llenar. Así es como se creó este “Preludio en una tonalidad desconocida”, tanto para Alfonsino, como para mí.

En el Camino de Santiago, hay personas que se encuentran a sí mismas y al sentido de sus vidas. Yo encontré a un ser peculiar muy apropiado para incluirlo en mi galería privada de personajes surrealistas, Alfonsino Retorni, de profesión spankee:

Alfonsino, profesión : spankee.


Alfonsino era un hombre flemático,
aunque inconcluso en sus sentimientos.
Juraba y perjuraba morir
no antes de disfrutar del sexo en toda su extensión.
Rosaura, la mujer, ajena a toda trama; vigilaba sin rémora
y paseaba alegremente las telarañas encima de su copa.
Las niñas, agitaban su prisa por encontrar en su laberinto
un precioso viaje hacia el centro; un itinerario interior
en busca de su doble verdad…,
como la de todos.
Alfonsino, molesto con su suerte,
no cesaba de turbar su conciencia;
estaba deseando encontrar miles de azotes
que conformasen a su recién adquirida estructura muscular.
Por fin los encontró, nadando a su alrededor
y provenientes de los zumbidos electrónicos de una chica de barrio
bastante más joven que él.
Todo esto duró un tiempo,
por supuesto bastante más largo para Rosaura que para él;
que arrepentido y maltrecho,
buscó de nuevo el consuelo en su antiguo amor.
Ella nunca le perdonó,
pero tuvo la deferencia de concederle una penitencia:
sacar a pasear todas las tardes a su perro
( tarea que él aceptó con santa devoción ).
Alfonsino, en vez de encontrar su verdad,
prefirió el recorte de sus estrechas palabras.

Arín Dodó


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