
Y por fin me decido a hacerlo. Estoy solo en casa. Es el momento ideal. Agosto. 3 de la tarde. Entro en mi cuarto. Cierro la puerta. Bajo la persiana del todo. Me pongo unas gafas de sol. En medio de la oscuridad, empiezo a escuchar la batería plomiza de Upside Down. Pronto suenan las guitarras chirriantes. Mucho ruido. Es verano. Me aburro. Me duele la cabeza. Mi camiseta está empapada de sudor. Pero no me importa. Disfruto. Empiezan a cantar. Es difícil entender las letras, pero se escucha lo esencial: Inside I’m upside down It doesn’t really matter to me Uh-huh-huh Feels like Im going mad. Salto. Me pitan los oídos. Sigo saltando. Me resbalo. Me levanto. Se acaba la canción y todavía noto algo de eco en mis oídos. Tardo cinco segundos en volver a ponerla. Se repite todo. Veo si el volumen está al máximo. No. Lo subo al tope. Más ruido. Más POP. Aprieto los dientes, Inside I feel so bad So low I feel so sad, y gritó lo más fuerte que puedo. Aprieto aún más los dientes mientras grito. Intento que chirríen. No se me entiende seguramente. PERO NO ME IMPORTA. Noto como escupo sin querer al hacer tanta fuerza con mis mandíbulas. No hay nadie y me siento orgulloso. Hace mucho calor, sudo constantemente. Doy vueltas. Me lo estoy pasando genial. Si hubiese alguien cerca de mí, me gustaría pegarle. He escuchado cuatro veces la canción. Estoy cansado y aturdido. Me tumbo en mi cama desnudo y me río a carcajadas.
I am in love with Jean Seberg
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